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jueves, 6 de diciembre de 2007

Amores contemporáneos

Ayer Priscilla celebró su despedida de Anuntis montando una cena en la que no conocía a casi nadie. Estuve sentado frente a una chica argentina y su novio catalán. Se conocieron por internet, mantuvieron la relación cibernéticamente durante un año y medio, y entonces ella se decidió a venir a Barcelona. Viven juntos y se casan inminentemente.

"Nos conocimos por primera vez en el aeropuerto", me dijo. "Y ese mismo día me fui a vivir con él".

El comentario me pareció fascinante. Fue una de esas frases que, después de oídas, te sugieren un cuento, y hacen volar tu imaginación literaria. Durante buena parte de la noche, entre cubata y cubata, estuve pensando en el cuento, en los personajes, en cómo serán dentro de 10 años.

Me pregunto si, dentro de unos años, cuando necesiten recordar los primeros tiempos en los que se enamoraron, se sentarán cada uno frente a un ordenador, en una habitación diferente de la casa, y se pondrán a chatear.

martes, 10 de julio de 2007

Coplas por la muerte de su padre

Por suerte, en el instituto tuvimos siempre a profesoras de literatura, y digo suerte porque a los quince años, la poesía es mejor que te la recite una mujer, a ser posible ya en sus cuarenta largos.

La profesora Romagosa, Quima Romagosa, nos recitaba poesías de memoria. Mi padre decía que señal de que era buena profesora. Y lo era. Recitaba y yo la escuchaba, y en los exámenes disfrutaba explicándole las metáforas, y escribiendo con estilo y pocos academicismos. Porque a Quima le gustaba la literatura y detestaba la historia de los apuntes y los libros de texto, y yo lo sabía, quizás era lo único que aprendí de ella, y seguramente la mejor lección que pudo darme.

Cuando terminamos el curso, le dije que había escogido ciencias, y me acusó de pasarme al otro bando: "usted también, Rovira, como todos, usted podría ser bueno Rovira, yo le creía a usted una sensibilidad especial, pero hace como todos". Le contesté que había escogido ciencias mixtas, que estudiaría literatura, pero prosiguió con su acusación particular y sarcástica, y tenía razón.

Recuerdo que me dolió su desdén, su absoluta indiferencia ante mi intento de justificarme, la manera en cómo ya no volvimos a hablar nunca más de libros en los dos años más que pasé en el instituto.

Con Quima leí por vez primera las Coplas por la muerte de su padre, de Jorge Manrique, y los versos iniciales de este poema siempre los he llevado en algún rincón de mi memoria ram.

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

La muerte parecía lo más trágico, pero este poema nos enseña que el drama verdadero es el recuerdo de lo que fue y ya no es. Cuan presto se va el placer, pero es al recordarlo cuando sentimos el dolor. La memoria es el repositorio del dolor, igual que en la canción de Billie Holiday, a quien también comencé a escuchar a la misma edad: "It's easy to remember, but so hard to forget".

Qué inmenso el placer de escuchar por vez primera a Billie Holiday, de leer por vez primera a Jorge Manrique. Quizás, Quima, si no me hubiera pasado al otro bando, no te recordaría con la dulzura con la que ahora te recuerdo. Me gustaría tomarme contigo unos whiskies ahora mismo, en esta noche cualquiera que me ha llevado de nuevo a tu recuerdo, y seguro que sabríamos entendernos, y lo pasaríamos bien.

Nunca deberíamos perder el contacto con las profesoras de literatura de los quince años. Nos enseñarían más que nuestras madres, y por supuesto mucho más que cualquier amante.