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lunes, 18 de enero de 2010

Cambio de luz

Apago la luz que cuelga del techo, y oriento hacia arriba la lámpara que me regaló Landiman.

Me siento en el sofá, y la habitación parece otra.

El espacio ha cambiado.

Ahora que busco piso, también es momento de disfrutar esta habitación que me ha alojado durante cinco años.

De iluminarla con otra luz, para apreciar mejor la felicidad que ha albergado.

miércoles, 16 de abril de 2008

Se va Daniele

Ya se fué, ya nos acabamos de despedir con un whisky, un cigarrillo, unas palabras y un abrazo. Daniele sentado en la escalera, y yo en el umbral de la puerta de mi casa, como tantas otras veces.

"Siempre estoy cambiando de vida", me ha dicho. "No me quiero ir".

Le he regalado unos libros de cocina con esta dedicatoria: "A Daniele, el mejor vecino del mundo. Con todo mi cariño, Pere". Y Daniele, metro ochenta, brazos tatuados y musculosos, cara grande con ojos de niño travieso, tejanos y camiseta, se ha emocionado.

Lo voy a echar mucho de menos. Por todas las veces que golpeó nuestra puerta, y apareció con una pizza casera, un risotto, unas gambas o una invitación para cenar pasta. Por la vez que me pidió prestado el horno para cocinar un cochinillo entero, y luego por la noche nos lo zampamos mano a mano, con una botella de vino y otra de licor de pera húngaro.

Al día siguiente no pude ir a trabajar, pero el cochinillo siempre lo recordaremos, y el trabajo se olvida. Porque no importa, porque lo único que importa en esta vida es la amistad y la comida y otros pocos placeres.

Se va Daniele, y aquí nos quedamos huérfanos de vecino, del mejor vecino del mundo. De una de las personas más generosas que he conocido.

Nos veremos pronto, de nuevo en la isla, y los recuerdos de la boda, y nuevos recuerdos, y nuevas sonrisas.