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miércoles, 12 de mayo de 2010

Entropía

Hoy he visto la película Si la cosa funciona. Hay una escena muy divertida, y a la vez algo trágica (así son las pelis de Woody Allen) en la que Melody se está enamorando de otro chico. El chico la besa, y ella dice "entropía, es como la pasta de dientes, nunca puede volver a entrar en el tubo una vez ha salido." Y es que algo así es enamorarse: la pasta sale del tubo, para no volver a entrar.

Técnicamente, la entropia es una medida del desorden del mundo. De acuerdo a la segunda ley de la termodinámica, la entropia del universo sólo puede aumentar o quedarse como está, pero nunca reducirse. Es decir, el universo se comporta de tal modo que todo tiende a estar más y más desordenado.

Me parece un concepto fascinante. En particular, me fascina que algo tan aparentemente banal como el desorden en constante crecimiento de mi casa sea extendible al comportamiento del universo. La entropía aumenta, siempre. De hecho, es la única ley del mundo que implica una dirección del tiempo: la flecha del tiempo señala hacia donde aumenta la entropía, y por lo tanto el tiempo no es reversible.

O sea que del desorden creciente de mi casa se deduce la dirección del tiempo, la muerte inevitable, y la segunda ley de la termodinámica, base del motor y todas estas cosas industriales que nos hacen tan modernos. Y también enamorarse parece estar relacionado con la entropía, como dice Melody.

Ciertamente, enamorarse introduce desorden en la vida de uno. Para empezar, nos enamoramos y ya no queremos estar solos. Necesitamos estar con ella. Todo el rato. Incluso preferimos dormir abrazados en posiciones rarísimas con el brazo doblado acrobáticamente. Desorden máximo.

El momento que lo inicia todo es el primer beso. Ese instante único por definición, mágico, seguramente lo mejor que puede pasarle a uno en la vida. Es un momento genuinamente irreversible, la pasta que ya nunca más entrará en el tubo, puro aumento de entropía. Las dos personas que se besan cambian para siempre, de manera irreversible, porque ya nunca en la vida volverán a verse del mismo modo la una a la otra.

Últimamente, yo intento mantener ordenada la casa. Sin embargo, el medidor de entropía me indica que ésta sigue aumentando, incluso más deprisa que cuando se acumulaban papeles, pantalones y camisas tirados por el suelo. Y debo confesarles que el aumento de entropía es una sensación muy agradable, a pesar de que marque una dirección del tiempo, a pesar de que me produzca dolores en el brazo.

jueves, 25 de febrero de 2010

La luz viaja en la oscuridad

Terminó el congreso, y regresé al hotel cansado. Me estiré en la cama, dispuesto a dormirme con el ruido de la lluvia. Miré el techo inclinado: una ventana me mostraba la oscuridad del cielo, y a un lado la luna, tímida pero brillante, blanca, imperfecta.

Entonces me pregunté por qué brilla la luna, por qué es blanca en mitad de la oscuridad. La lluvia golpeaba el cristal de la ventana con la fuerza necesaria para no dejarme escuchar nada más que el pulso de la sangre en las venas de mi oreja descansando contra el cojín.

¿Por qué brilla la luna, si todo lo demás está oscuro a su alrededor?

Cierto, la luz de la luna nace en el sol. Entonces, ¿por qué no vemos los rayos del sol en su trayecto hacia la luna? Me levanté para ir al baño, y me fumé un cigarrillo sentado en el retrete. Pensé en la cantidad de personas con las que había hablado durante el día, y me pregunté si alguna vez se habían hecho la misma pregunta.

Me pregunté también si tenían una ventana en el techo de su dormitorio, me pregunté si dormían acompañadas, me pregunté si se alegraban por dormirse junto a alguien, y si al despertar les seguía alegrando encontrar a alguien respirando a su lado. El mundo puede ser fascinante cuando nos preguntamos este tipo de cosas acerca de las personas que se sientan en el metro frente a nosotros.

Regresé a la cama. Estaba sólo después de un largo día de trabajo, en una ciudad extraña, en una habitación extraña, en unas sábanas extrañas, con la única compañía de la noche y mis libros y mis pensamientos. Y la digestión de la cena, y el Ribera del Duero en mi cabeza.

Resulta que la luna brilla cuando la luz del sol impacta contra su superficie. Resulta también, que la luz viaja en la oscuridad. Es una extraña paradoja, como las sábanas que me envolvían. La intuición nos dice que la luz, al viajar, ilumina todo lo que encuentra a su paso. Y así es. Pero si a su paso no existe nada, la luz viaja en la oscuridad.

El universo está vacío de reflejos, no hay polvo, no hay partículas, no hay nada que refleje nada. Cuando la luz del sol viaja hacia la luna, no la vemos hasta que no impacta contra la luna misma. Por eso la luna brilla en la oscuridad, porque vive suspendida en el vacío.

Me hubiera gustado ser capaz de llegar a esta conclusión ayer por la noche, pero he necesitado de la ayuda de Landiman, mi querido y eterno compañero de piso, para encontrar la explicación. Se supone que soy físico, y que debiera saber estas cosas, pero no las sé. Yo sólo veía la luna brillando en la oscuridad, y sólo supe preguntarme por qué no veía los rayos del sol.

Landiman me ha contado que él tampoco se formuló esta pregunta cuando estudiamos juntos la licenciatura en física. Landiman se formuló esta pregunta cuando era pequeño, y encontró la respuesta muchos años más tarde, estirado en una playa nocturna, durmiendo al aire libre junto a la persona con quién quería despertar al lado todos los días de su vida.

Ahora, me iré a la cama feliz y tranquilo por haber comprendido algo que merece la pena comprender al menos una vez en la vida.

Deberíamos preguntarnos más a menudo por qué brilla la luna en la oscuridad. Quizás, entonces, sólo aspiraríamos a tener una ventana en el techo de nuestra habitación. Quizás, entonces, nos bastaría en la vida con tener el tiempo necesario para perderlo mirando al techo, mirando al cielo, escuchando la lluvia y la sangre golpeando nuestra oreja.

Pero nos gusta complicarnos la vida. Nos gusta pensar que necesitamos ser realistas, y aspirar a tener sólo aquello que podemos tener, lo que ya todos tienen tarde o temprano. Y siendo realistas, dejamos de comprender la naturaleza de la luz, la realidad misma.

La luz viaja en la oscuridad, porque no la vemos hasta que no impacta contra un cuerpo. Entonces, mientras viaja en el vacío, ¿existe la luz?

La próxima vez que contemples la oscuridad, piensa que está llena de luz, y que sólo debes estar dispuesto a perder el tiempo para que brille blanca como tu piel, como la luna.

Porque sólo cuando estamos dispuestos a perder el tiempo, cuando nos estiramos en la cama y renunciamos a tocar con los pies en el suelo, existe la luz en la oscuridad.

lunes, 16 de julio de 2007

¿Debo estudiar física?

Sin duda todos nos hemos hecho esta pregunta alguna vez. "¿Debo estudiar física?" o bien la más común "¿Por qué coño tengo que estudiar esto?", "¿Para qué me sirve?". Las tres preguntas son equivalentes.

Pues bien, según las últimas teorías científicas, parece ser que existen dos tipos de azar: el azar intrínseco y el azar del conocimiento. Es decir, no podemos predecir el resultado de un experimento bien porque es en sí mismo impredecible (azar intrínseco) o bien porque no sabemos suficientes cosas acerca del experimento (azar del conocimiento).

La existencia del azar intrínseco es la consecuencia filosófica más importante de la mecánica cuántica, es decir, de la física. El conocimiento no puede derrotar al azar intrínseco, por lo tanto, el conocimiento que busca predecirlo todo con exactitud está condenado al fracaso.

Si usted, lector, disfruta con este tipo de disquisiciones filosóficas, debería estudiar algo de física. Si usted no disfruta con estas filosofaciones, estudie otra cosa.

Si usted no sabe si disfruta o no disfruta con la filosofía del conocimiento, entonces poco importa conocer qué deber hacer.

lunes, 19 de marzo de 2007

Caminos

Por algún motivo, he terminado buscando el nombre de un antiguo compañero de facultad en el google. Para ver qué hace, qué ha sido de su vida, esas cosas. Pura nostalgia, o quizás simplemente puro pasar el rato. Entonces he leído que está en Madrid estudiando filosofía de la física, algo que yo ya sabía, y he comenzado a leer las biografías de los miembros del equipo de investigación con el que trabaja.

Y he sentido algo de envidia, la verdad, parecen tipos y tipas muy interesantes. Una de ellas incluso estudió en la London School of Economics, como yo. Y bueno, como uno siempre quiere lo que no tiene, he pensado: ¿Qué guapo dedicarse a estudiar filosofía de la física, verdad?

Pues sí, eso he pensado yo. Qué guapo y yo qué vida tan burguesa me estoy cocinando. Tan convencional. Pero entonces me he descargado un artículo que mi compañero de facultad ha escrito, y he leído el abstract, y me he dado cuenta de que, hagamos lo que hagamos, siempre nos empeñamos en ensuciar la belleza esencial de las cosas. Dice así, el abstract:

"In this paper we claim that the notion of cognitive representation (and scientific representation in particular) is irreducibly plural. By means of an analogy with the minimalist conception of truth, we show that this pluralism is compatible with a generally deflationary attitude towards representation. We then explore the extent and nature of representational pluralism by discussing the positive and negative analogies between the inferential conception of representation advocated by one of us and the minimalist conception of truth."

Pues va a ser que estudiar filosofía de la física no es tan guapo como parecía. Torjman es sabio, y yo mañana me largo a Londres. Espero escribiros algo desde la habitación del hotel.