martes, 11 de julio de 2006

Tarde de sol

Son las 19,30h cuando regreso a casa. Mi jornada ha terminado y dispongo de unas horas de libertad entrecomillada antes de irme a dormir. Hoy no hay ping-pong, ni porro, ni ganas de caminar hasta la piscina, y la guitarra no suena como yo querría. Tampoco me apetece el cine que me propone Landiman, y comenzar a preparar el artículo que debo escribir hace tantos meses se me atraganta de nuevo en la garganta de la desmotivación.

Quizás sea el calor, el cansancio acumulado. No creo. Estoy intranquilo ante tanta tranquilidad, estoy cabreado y plácido a un tiempo, aburrido por la felicidad de la monotonía perezosa. Hace semanas que laten ideas difusas en mi mente, proyectos que nunca comienzan, impulsos que no toman una forma concreta.

En esta tarde de sol, me apetece tan sólo hacerte el amor, y dormirme a tu lado.

domingo, 9 de julio de 2006

Bewitched, bothered and bewildered

Cuando llegamos a casa amanece. Dejamos los gintonic moribundos en vaso de plástico de la discoteca, ponemos música en el iTunes, miras por el balcón los cientos de balcones que la luz pinta de nuevo, como cada mañana, iguales. Te tomo una foto que ahora miro, y no sabría decir si acabas de levantarte o regresas de una noche de cerveza y ginebra, porque tu piel resplandece y oscurece a un tiempo como el agua del mar.

Y es extraño, extraño porque de repente Ella Fitzgerald canta Bewitched, bothered and bewildered, y el mejor piano, y la mejor voz, y los gemidos de los gatos del patio, acogen un baile que es abrazo, un abrazo que es bailar muy lento, apenas insinuado, apenas bailar.

Sé que si intento besarte dejaremos de abrazarnos, y la luz del dia será más real porque nos indicará la realidad. Y así ocurre, y te vas, y dices adiós con palabras, pero luego retrocedes y dices adiós con un beso en cada mejilla.

Y yo regreso a mi cuarto, y miro los gintonic, y 21 horas más tarde me siento a escribir escuchando la misma canción de Ella Fitzgerald. La lista de reproducción del iTunes dura exactamente tres horas y veinticinco minutos, las mismas tres horas y veinticinco minutos que me separan ahora del momento del dia anterior que ahora evoco.

A veces las casualidades suceden. A veces, las casualidades son las únicas cosas capaces de evocar las certidumbres del mundo. Compartir la soledad es una hermosa paradoja.

Pero no entiendas estas palabras como una evocación romántica. Se trata simplemente de escribir un momento. Segundos compartidos junto a un cuerpo y a una canción que sólo intuyo ciertos cuando suceden. Es inútil buscar explicaciones para las cosas que sólo tienen sentido cuando suceden.

Este es un texto incompleto, incierto, verdadero o quizás falso. Pero no escribo para explicar ninguna verdad. Tan sólo se trata de escribir, pensar, acompañar a una cerveza y quizás despertar en ti, lector, un ápice de complicidad; sentirnos más verdaderos.

Cuando llegamos a casa amanece. Miras por el balcón los cientos de balcones que la luz pinta de nuevo, como cada mañana, iguales. Te tomo una foto que ahora miro, y no sabría decir si acabas de levantarte o regresas de una noche de cerveza y ginebra, porque tu piel resplandece y oscurece a un tiempo como el agua del mar.

martes, 4 de julio de 2006

Old is the night

Joaquin has read lots of books; many of them I wish I had. But he's a real reader, I'm just a lazy dreamer. Anyway, he introduced me to Jaime Sabines, the mexican poet. Here's one by him, kind of translated later by the very same Mr. Fruitman:


Vieja la noche
by Jaime Sabines


Vieja la noche, vieja,
largo mi corazón antiguo.

¡Qué de brazos adentro
del pecho, fríos,
se mueven y me buscan,
viejo amor mío!

La noche, vieja, cae
como un lento martirio,
sombra y estrella, hueco
del pecho mío.

Y yo entretanto, ausente
de mi martirio,
entro en la noche, busco
su cuerpo frío.

No hay luna, locos,
desde hace siglos.
Sólo un breve milagro
cuando hace frío.


Old the night, old,
long my old heart.

An army of arms inside
my chest, cold,
moves and chases me,
my old love.

The night, old, falls
like a slow torture;
shadow and star, hole
in my chest.

Ignoring my doom,
I meanwhile
enter the night
looking for her cold body.

There's been no moon
for centuries, you fools.
Only one short miracle,
when it is cold.

lunes, 3 de julio de 2006

Quiet night

Late, late, late... always late. Sunday, sunday, sunday... always sunday. No matter what, no matter how, I find myself once more typing to fight against the end of the weekend. But it's over, in fact it's already monday, and my typing is similar to the movements of the fish that dies in the hands of the fisherman. But no, this is not an accurate metaphor: the night is quiet and I'm fine. Every external sign is fine. Inside, inside, the trouble is inside. Or maybe there's no trouble, and it's just another trick of the mind. Late, late, late... Mind.

There's no peace inside, and yet, the night is quiet like a fish in the sea.

sábado, 1 de julio de 2006

Cuento contigo

Estaba un dia buscándome unas rolitas, cuando...

(algún dia, será la primera frase de un gran cuento)