Tengo delante un par de trozos de merluza. Es tarde, demasiado tarde, pero no me decido al primer mordisco. A decir verdad, preferiría que fueras tú, lectora imaginaria, la que estuviera delante. A decir verdad, querría darte a ti el mordisco, envolverme contigo en la cama y combatir el frío hasta que el vaho cubriera los cristales de esta ventana de soltero y dibujaras tu nombre y el mío, rescatando un pedazo de tu adolescencia lejana.
Pero estás hecha de letras y miradas que no existen, voluntades apenas intuídas en la cotidianeidad de los gestos. De fuego y hielo, de vapor de agua que no nace en tus suspiros ni en los míos.
La mía es una ventana de soltero: transparente, fría, inútil para dibujar en ella el corazón de la mentira tras el amor.
martes, 29 de noviembre de 2005
lunes, 28 de noviembre de 2005
Una tarde de domingo
Hay tardes que están predestinadas a celebrar la mágica simplicidad de una tarde de domingo entre amigos y acordes conocidos, mil veces cantados. La de hoy fue una de ellas. Mientras regresaba de Sitges, sorteando una caravana odiosa, Landiman entretenía al frío y nuestros invitados con una mirada de jersei de montaña, bufanda y gorro:

A tiempo llegué para comprovar que otros combatían el frío de maneras mucho más nobles (o como mínimo, agradables):

Pero tocar (música) era el objetivo, y de ello se encargó nuestro líder indiscubtible...

... y nuestra maravillosa cantante...

... mientras otros disimulaban su escaso talento con fotos para la galería:

... o directamente se metían a jugar al mac y recibían llamadas de otros frikies jugones:

Un saxofonista irrumpió, repentino, en escena, bajo la atenta mirada de su musa:

La velada se puso romántica, las luces bajaron y finalmente, Frank Fruitman cantó una canción:

A tiempo llegué para comprovar que otros combatían el frío de maneras mucho más nobles (o como mínimo, agradables):

Pero tocar (música) era el objetivo, y de ello se encargó nuestro líder indiscubtible...

... y nuestra maravillosa cantante...

... mientras otros disimulaban su escaso talento con fotos para la galería:

... o directamente se metían a jugar al mac y recibían llamadas de otros frikies jugones:

Un saxofonista irrumpió, repentino, en escena, bajo la atenta mirada de su musa:

La velada se puso romántica, las luces bajaron y finalmente, Frank Fruitman cantó una canción:
sábado, 26 de noviembre de 2005
Diálogos por messenger
Extracto de diálogo entre pere y 僕は神様だよ
pere dice: (22:04:33)
estaba feliz con mi estufa que compré hoy
pere dice: (22:04:36)
pero es una mierda
僕は神様だよ。。。 dice: (22:04:43)
y asi pasa
僕は神様だよ。。。 dice: (22:04:53)
pero no juzgues a todas las estufas por esta
pere dice: (22:04:33)
estaba feliz con mi estufa que compré hoy
pere dice: (22:04:36)
pero es una mierda
僕は神様だよ。。。 dice: (22:04:43)
y asi pasa
僕は神様だよ。。。 dice: (22:04:53)
pero no juzgues a todas las estufas por esta
viernes, 25 de noviembre de 2005
Lost in translation
Lost in translation habla del amor como la traducción de una imagen en un determinado contexto y en un determinado momento de nuestra vida. El amor como algo concreto, tangible, un sentimiento ligado a un espacio y un tiempo específicos.
La última escena en el bar del hotel: Charlotte y Bob se miran y nosotros esperamos el beso que no llega. Hacía tiempo que no sentía ese preciso instante en el cine, ese instante en que te miro y me miras, y pensamos en el beso que no dimos, pero siempre más tarde, solos, camino a casa. El amor es ese beso, y ese regreso solitario a casa.
A menudo te miro como mira Bob a Charlotte, y me pregunto si tu me miras como ella. No soy capaz de traducir tu mirada, o quizás sí, pero me asusta y me pierdo, como Bob.
Es inútil, entonces, preguntarse qué hubiera sido de nosotros unos años antes, porque unos años antes no nos hubieramos mirado como ahora.
Sólo cabe esperar el abrazo final, y las palabras susurradas en la mañana insomne de la ciudad. Quizás, cuando nos abracemos y te hable al oído sabremos, sólos tu y yo, qué le susurra Bob al oído de Charlotte.
Y el sabor de tus labios, y la conciencia de los míos.
La última escena en el bar del hotel: Charlotte y Bob se miran y nosotros esperamos el beso que no llega. Hacía tiempo que no sentía ese preciso instante en el cine, ese instante en que te miro y me miras, y pensamos en el beso que no dimos, pero siempre más tarde, solos, camino a casa. El amor es ese beso, y ese regreso solitario a casa.
A menudo te miro como mira Bob a Charlotte, y me pregunto si tu me miras como ella. No soy capaz de traducir tu mirada, o quizás sí, pero me asusta y me pierdo, como Bob.
Es inútil, entonces, preguntarse qué hubiera sido de nosotros unos años antes, porque unos años antes no nos hubieramos mirado como ahora.
Sólo cabe esperar el abrazo final, y las palabras susurradas en la mañana insomne de la ciudad. Quizás, cuando nos abracemos y te hable al oído sabremos, sólos tu y yo, qué le susurra Bob al oído de Charlotte.
Y el sabor de tus labios, y la conciencia de los míos.
miércoles, 23 de noviembre de 2005
Happiness 3.0
The true intelectual is he who embodies the intelect in a life time of unforgettable feelings.
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