lunes, 28 de noviembre de 2005

Una tarde de domingo

Hay tardes que están predestinadas a celebrar la mágica simplicidad de una tarde de domingo entre amigos y acordes conocidos, mil veces cantados. La de hoy fue una de ellas. Mientras regresaba de Sitges, sorteando una caravana odiosa, Landiman entretenía al frío y nuestros invitados con una mirada de jersei de montaña, bufanda y gorro:


A tiempo llegué para comprovar que otros combatían el frío de maneras mucho más nobles (o como mínimo, agradables):


Pero tocar (música) era el objetivo, y de ello se encargó nuestro líder indiscubtible...


... y nuestra maravillosa cantante...


... mientras otros disimulaban su escaso talento con fotos para la galería:


... o directamente se metían a jugar al mac y recibían llamadas de otros frikies jugones:


Un saxofonista irrumpió, repentino, en escena, bajo la atenta mirada de su musa:


La velada se puso romántica, las luces bajaron y finalmente, Frank Fruitman cantó una canción:

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